Perfume de la Memoria


Represión Franquista


Alguna vez leí que el hombre se defiende de sus temores olvidando aquellas vivencias traumáticas, y dejando en su memoria más cercana, los momentos más agradables. Muchas veces he pensado que esto no es siempre cierto.

…no estamos legislando señorías para gentes remotas y extrañas, estamos ampliando las oportunidades de felicidad para nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo, nuestros amigos, para nuestros familiares. A la vez estamos construyendo un país más decente, porque una sociedad más decente es aquella que no humilla a sus miembros…

Aún recuerdo cada letra, cada entonación, cada uno de los significados de aquellas palabras que irrumpieron en mí aquella mañana. Tantos años soñando con ese momento. Pero no pude evitar mirar atrás.

No hace más de cuatro décadas este discurso del presidente habría conseguido pasmar a más de un miembro de aquella sociedad, sociedad que ellos se encargaron de moldear. Aquella sociedad fundada en la sana moral, la de ellos, y las buenas costumbres. Sociedad donde, los homosexuales no teníamos cabida; el hecho de ser homosexual estaba acompañado de calificaciones tales como peligrosos, contrarios a la moral social, proclives a la comisión de delitos, en definitiva antisociales. ¿Cómo habrían sonado las palabras dichas por Él en los oídos del asesino dictador y de todos sus prelados consejeros?

¿Qué se podría esperar de un régimen dictatorial, cuyo principal sentimiento hacia la homosexualidad, fue la repugnancia? El castigo y la condena fueron las herramientas preferidas por el régimen para tratar de acallar los sentimientos de todos aquellos que se atrevían a desafiar las antisociales doctrinas establecidas. Miles de personas fueron objeto directo de la ira, el acoso y represión de éste régimen, todos ellos víctimas de leyes que trataban de poner una barrera infranqueable al corazón, aunque para ello hubiera que pactar con su mismismo Dios. Cosa que al régimen franquista no le resultó difícil ya que la Iglesia supo proporcionar toda la justificación ideológica para tan atroces conductas. Nuestra rehabilitación –según ellos- pasaba, en el peor de los casos, por la cárcel para gays y manicomios para lesbianas, en cualquier caso, homosexuales fueron sometidos a humillaciones y vejaciones continuas para intentar acomodar nuestros sentimientos y cariños, a sus pre-establecidas doctrinas.

¿Cuantos corazones rotos quedaron entre aquellos muros? Más de cuatro décadas escondiéndose, temiendo ser delatados, ser descubiertos… ¡Cuántas trabas al amor!

Ahora todo es diferente. Las instituciones que antes legislaban para corregir la homosexualidad, ahora legislan para borrar todas aquellas aberraciones del pasado, y que algo tan sencillo como amar, no esté castigado… ¿Por qué han tenido que sufrir tantas personas? ¿Qué Dios les va a devolver todos aquellos besos que no pudieron dar, el mismo Dios que antes usaban para justificar las torturas? Supongo que el reconocimiento de todos estos sufrimientos es un paso adelante. Es necesario destinar un trozo de nuestra memoria a todos aquellos que lucharon por las libertades que hoy respiramos, y que por esta lucha sufrieron todo el peso de un poder dictatorial e inhumano. No es podemos olvidar como la ley de vagos y maleantes y, la ley de peligrosos sociales han sido dos más de las zancadillas que el poder, contrario a la razón, ha impuesto a todos los que vivimos una realidad diferente a la que ellos establecen como correcta.

David González
Fundación Triángulo Extremadura.